IA transforma las formas de fraude académico en las universidades
El avance de la inteligencia artificial está modificando las prácticas dentro de las universidades y también plantea nuevos desafíos relacionados con el fraude académico, sostiene el académico y columnista Mauro Jarquín Ramírez. El autor toma como referencia el uso de herramientas de IA diseñadas para asistir a usuarios en tiempo real y hacer trampa, para […]
El avance de la inteligencia artificial está modificando las prácticas dentro de las universidades y también plantea nuevos desafíos relacionados con el fraude académico, sostiene el académico y columnista Mauro Jarquín Ramírez.
El autor toma como referencia el uso de herramientas de IA diseñadas para asistir a usuarios en tiempo real y hacer trampa, para advertir que el problema va más allá de casos específicos como los registrados en exámenes de admisión. A su juicio, existe una transformación más amplia de la cultura educativa alrededor de estas tecnologías.
El análisis señala que cada vez es más frecuente que estudiantes utilicen modelos de lenguaje para elaborar trabajos que posteriormente presentan como propios, mientras algunos docentes también recurren a sistemas de IA para revisar esas tareas. La situación, agrega, también alcanza al ámbito de las publicaciones académicas.

Jarquín cuestiona además la idea de que el problema pueda resolverse únicamente mediante reglas para declarar qué modelos de IA fueron utilizados. Considera que esto podría terminar normalizando una tecnología cuya operación, desde su perspectiva, se basa en aprovechar grandes cantidades de conocimiento producido por otras personas.
Para el autor, el debate de fondo no corresponde únicamente a los estudiantes ni a una institución particular, sino al modelo universitario en su conjunto. Advierte que delegar cada vez más funciones cognitivas en sistemas automatizados puede afectar procesos como la comprensión, la creatividad y la producción de conocimiento.
Como alternativa, plantea fortalecer una cultura educativa que valore el aprendizaje, la creación intelectual y el intercambio humano, en lugar de responder al problema exclusivamente con mecanismos de vigilancia o herramientas antifraude. La propuesta, sostiene, debe centrarse en preservar las capacidades cognitivas de estudiantes y docentes.